Los “liberales” anti-Trump

Vivo en New York y estudio en la Universidad de Columbia. Como en casi todas las universidades de este país, aquí hay poca diversidad ideológica. Quien declare ser republicano es un valiente y el que se reconozca Trumpista derechamente un suicida. Por eso es que estos 3 días que pasaron desde de la elección de Trump como presidente de los Estados Unidos han tenido gusto a funeral en mi escuela. Lógico, varios de mis profesores participaron en la confección del programa de gobierno de Hillary, otros son políticos retirados que participaron en la campaña, y muchos de mis compañeros fueron parte del comando de la candidata. No es casualidad que en estos días haya oído a dos profesores hablar de las 7 etapas del luto -a saber, negación, culpa, ira, depresión, reflexión, reconstrucción y aceptación-, quienes confesaron no haber pasado de la tercera .

Yo confieso estar de luto también. Estoy en una etapa de decepción que seguramente se encuentra entre depresión y reflexión. Detesto que una persona con sus (poquísimas y nefastas) ideas llegue a la Casa Blanca. Me rebelo política e ideológicamente ante sus propuestas proteccionistas en lo económico, racistas en lo social, devastadoras en lo ambiental y aislacionistas en lo internacional. Es lo más lejano al ideal de liderazgo político que yo quisiera para cualquier país.

Sin embargo, no es la victoria de Trump lo que me tiene en etapa de decepción, sino la reacción de muchos de los derrotados demócratas. Me decepciona que académicos y estudiantes de las universidades más prestigiosas del mundo, políticos de larga trayectoria, medios de comunicación afines al partido y otros ciudadanos bienpensantes desprecien a sus iguales. Los demócratas -identificados como “liberales”-, particularmente los medios, pero también los ciudadanos de a pie, siempre han descrito a los Trumpistas -despectivamente- como los “sin educación” (uneducated). Y una vez confirmado el nefasto resultado, los “liberales” apuntaron con el dedo a los “sin educación”, enfatizándoles su analfabetismo, su ignorancia, su provincianismo, su falta de mundo, su pobreza, su incapacidad en todo aspecto. Triste espectáculo. ¿Cómo pueden llamarse liberales? Antes que cualquier cosa, el liberalismo cree en las personas y en su derecho y capacidad para decidir sobre sus vidas, sin importar sus características o antecedentes. ¿Son menos capaces de tomar decisiones porque no fueron a la universidad? ¿Son todos unos borregos, manipulados por este magnate omnipotente? Si pueden elegir dónde trabajar y qué comer, ¿por qué son minusválidos en la elección de quién los gobierna? Si el problema es la falta de educación de parte del electorado, entonces entreguemos dos votos a los votantes con título universitario y solo uno a los “sin educación”, y solucionamos el problema, ¿o no?. 

Cuando, con fatal arrogancia, dudamos de la capacidad de las personas de tomar decisiones por sí mismas, se siembra la semilla para los Trumps y los Fideles del mundo. Ese desprecio, esa superioridad moral, esa condescendencia de la élite de izquierda estadounidense (ver “Donald Trump won. Let the uneducated have their day“) que no permite disidencias y se arroga ser promotora de la diversidad, cuando en realidad es profundamente uniformista y totalitaria (ver “A Confession of Liberal Intolerance“), es lo que les pasó la cuenta. Todos quienes votaron por Trump (está de más decir que no todos -ni la mayoría- son racistas, analfabetos, ni misóginos) no lo expresaban, porque la izquierda en su altanería acalla a la disidencia, en su condescendencia ridiculiza al diferente; no lo rebate, no lo contra argumenta, simplemente lo oprime por pensar distinto. Por eso en mi escuela hay que ser valiente para reconocerse republicano y suicida para identificarse como Trumpista. Pero en esa cámara secreta nadie los acalla, nadie los ridiculiza, nadie los oprime; y su voto equivale al del profesor de Columbia, Katy Perry, o el director de The New Yorker. Esa es la maravilla de la democracia y me decepciona que -producto del luto o del convencimiento genuino- las élites intelectuales “liberales” no la valoren y desprecien a sus iguales, solo porque perdimos.

 

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